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Hardoy, G.F. (1945). Greenacre, Phyllis: Pathological Weeping. (Llanto patológico.) “Psychoanalitic Quarterly”, vol. 14, págs. 62-75. 1945.. Rev. psicoanál., 3(1):170-171.

(1945). Revista de Psicoanálisis, 3(1):170-171

Greenacre, Phyllis: Pathological Weeping. (Llanto patológico.) “Psychoanalitic Quarterly”, vol. 14, págs. 62-75. 1945.

Review by:
G. Ferrari Hardoy

El autor estudia las relaciones entre el llanto, la vista y la función urinaria.

Las lágrimas, dice, aparecen en el niño a la cuarta o sexta semana de edad, al mismo tiempo que concentra su mirada, y probablemente cuando entabla conocimiento de la tensión muscular que precede a la micción.

A los 5 ó 6 meses se nota una diferencia sexual en la función urinaria: las niñas tienden a desarrollar mayores intervalos entre las micciones y se acostumbran más fácilmente a la bacinilla que los niños.

Esto corresponde a la época en que el niño se sienta solo y comienza a dominar los movimientos de sus ojos y sus manos.

Parece probable que la mayor frecuencia urinaria en el varón sea debida a la mayor exposición y consecuente posibilidad de estimulación del genital masculino, que aparece a sus ojos más fácilmente, sobre todo en la posición sentado, invitándolo a tocarlo o jugar con él.

Parece que la función urinaria en el varón es más compleja y sensitiva que la de la niña, despertando mayor atención visual y coordinación muscular, y lleva también a una mayor sensación de maestría y dominio, estando más expuesta a accidentes.

Más tarde el modo masculino de orinar (de pie) expresa mayor poder y representa un arma agresiva que le suministra una salida para sus tensiones, y puede ser una de las razones por que el llorar es menos necesario para el varón que para la mujer.

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